La cirugía cardiotorácica contemporánea suele verse reducida a la pericia técnica del acto operatorio; sin embargo, el rigor clínico dicta que la intervención es secundaria al análisis del paciente como un todo. Mi práctica se fundamenta en la mínima invasión conceptual: la premisa de que el éxito no reside en la corrección anatómica per se, sino en la restauración de la suficiencia hemodinámica a largo plazo.
En el abordaje de cardiopatías complejas, el sesgo hacia la intervención inmediata debe contrastarse con la evidencia de supervivencia y calidad de vida. No operamos órganos; gestionamos sistemas biológicos en estados críticos de desequilibrio.